En vísperas de un aniversario más de la Independencia de México, es evidente que tal independencia se traduce hoy en la libertad del capital de imponerse sobre cualquier "soberanía" que se le interponga y de imponer la valorización del valor por sobre cualquier otro de tipo nacional, regional, comunitario o subjetivo. Una libertad que obtuvo el capital de un largo proceso de colonización sostenida a plomo y sangre, aunque no sólo.
Es un lugar común decir que México no goza de independencia en el sentido económico y político. Pero en este caso quiero recordar el aspecto cultural y el problema colonial y capitalista que subsume el terreno de las artes.
Debemos no sólo a José Luis Cuevas, sino a todo un regimiento de artistas y estrellas que en estos días gozan de reconocimientos y homenajes oficialosos, que bajo los intereses del estado y de una elite burguesa, intelectual, en instituciones como el CENART, La Esmeralda o la ENAP se vea el problema de la colonialización cultural como caduco, irrelevante, o incluso como un asunto "ya superado" por una posmodernidad aparente y vacía.
La mayoría de estos estudiantes de arte domesticados, académicos de reflectores y artistas de moda no sólo no combaten contra los eurocentrismos y neoyorkcentrismos en el arte y la cultura, sino que ni siquiera los reconocen ni se posicionan concientemente ante ellos.
Permea una enajenación deslumbrante entre el quehacer artístico, cultural e intelectual con la historia y su dimensión social. Muchos artistas se esmeran en conocer las modas gabachas y europeas para encontrar algo que fusilarse y venderlo en México con una calidad menor por acrítica y ajena. Muchos estudiantes están más preocupados por ganar una beca a Europa o Niullork para escapar de la realidad que sufren e ignoran del país, que por generar una producción sólida y socialmente relevante.
Las demandas y luchas por educación, circuitos, medios de difusión y espacios de producción de calidad para el arte, son adormecidas con ofrecimientos de becas al extranjero, patrocinios, intercambios, televisión, revistas, etc. por las cuales el mercado mediante el estado, y medios de comunicación, genera una expectativa a futuro que promete posibilidades "óptimas" de desarrollo en un lugar y tiempos idílicos y sólo aparentes. Claro que los pocos privilegiados que obtienen esas becas, esos patrocinios o espacios, lo hacen en su gran mayoría o porque tienen palancas, o varo, ya vendieron su obra como mercancía, o asumieron una condición de "subdesarrollados" y un servilismo maleado conforme a las ideologías, tendencias, gustos y modos de producción que dicta "el primer mundo" o más bien, el mercado mundial, en el fondo, el mismo mercado capitalista aquí y en Europa, aunque con condiciones distintas.
Y le pregunto a Cuevas y a tantos otros, ¿de qué nos sirve un "internacionalismo" eurocéntrico, yanqui, domesticado y vendido, un "internacionalismo" colonial, clasista, excluyente y cómplice de la opresión? Se puede, y debe criticar a los nacionalismos miopes, ensimismados, pero también debe combatirse la globalización capitalista que nos promete el mundo siempre y cuanto tengamos para pagarlo y que nuestra identidad propia sea relegada al cajón de los recuerdos, o reducida a una imagen superficial a la Frida Kahlo que venda bien y a pesar de ella misma.
Vivimos una lamentable situación en la que los trabajadores de la cultura siguen viendo a Europa y E.U.A como los grandes referentes, o a sus embajadas como la colección Jumex, el MUAC o Kurimanzuto, olvidando que la gran Europa fue construida con el trabajo y la explotación de los pueblos y regiones colonizados de África, Latinoamérica, Asia y Oceanía, en lugar de mirar al pueblo, las condiciones sociales en que viven, y su propia condición de trabajadores enajenados.
Es evidente, como señala Bolívar Echeverría, que no somos los mismos después de la conquista y la colonia, que no somos precolombinos ni somos europeos. Resulta absurdo pretender borrar a occidente de nuestros modos de vida y de pensar actuales, no se trata de eso. Me pregunto así, cómo, si es posible, reinventarnos a nosotros mismos, no desde la nada, sino quizás, bajo algo parecido al programa barroco aunque con un carácter revolucionario y emancipador. No hay respuestas acabadas pero las luchas de los pueblos hoy en día, como las que son por la autonomía y la autogestión, plantean nuevos horizontes para la lucha de clases y sus particularidades en el terreno de las artes y la cultura.
Por último, comparto una cita que aunque caduca en cuanto a su contexto original, sigue diciendo mucho.
"Aquello que deseamos es: la independencia del arte por la revolución: la revolución por la liberación definitiva del arte"
Salud, y ahora sí, vamos a emanciparnos... que luego es tarde.
Luz Negra. Septiembre 2009.
1 comentarios:
Pero quien dicta que el arte debe tener una función necesariamente social? y que hay del peligro que se corre en la utilización del arte como una herramienta más de control sobre las masas? las buenas intenciones a veces no son suficientes para generar un programa real de cambio, concuerdo en que hay que mirar dentro de la particularidades de la sociedad, pero no para incitarles a luchar por ideales que pueden o no compartir, sino para ayudarles a generar cambios reales dentro de sus necesidades, ya sea a nivel regional o al nivel que se pretenda.
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